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Relato 2
Posted:Nov 10, 2019 1:00 pm
Last Updated:Nov 11, 2019 8:18 pm
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La inestabilidad del tiempo; Las lloviznas, que de un momento para otro se hacen tormenta, y el viento frío del invierno, hacen que la gente del barrio no salga mucho de sus casas. Las calles y los negocios (sobretodo de noche) están vacías/os.
Un domingo a la tarde, resacoso y recién levantado, veo que en la esquina de casa habían abierto una despensa nueva que, por vivir siempre con un reloj en el cuore, no me había percatado que existía. (Generalmente, llegaba de trabajar entre las : y 18:00hs, iba al chino a comprar para cenar, con alguna que otra cosa que necesitaba y me iba a la facu. Cuando volvía, ya estaba todo cerrado).
Me lavé la cara y fui a conocer.
- ¿Me das un Alikal y un agua por favor?
- "Hola" primero, no? Qué cara nene!
Levanto la vista y la que atiende el negocio es Karina, mi vecina de en frente.
- Hola, Karina. ¿cómo le va? Disculpe que...
- No pasa nada, te estoy cargando. - me interrumpe y sigue. - Hace mucho no se te ve, ¿en qué andás?
Lo que menos quería era tener una conversación con el dolor de cabeza que tenía pero, condicionado ante la primer desatención, tuve que seguir con la charla.
- De todo un poco. Trabajo, estudio...
- Joda! mujeres... - me interrumpe otra vez y se ríe.
- Noo, ojalá! Qué bueno que abrió el almacén, ya no voy a tener que caminar hasta el chino!
- Si, hace casi un mes que abrimos. Horacio atiende a la mañana y cuando se va a trabajar vengo yo.
- Qué bien Karina, me alegro. Está muy lindo todo.
Seguimos la charla de relleno, me vende lo que le pedí y me voy.
A partir de ese día, por comodidad y calentura dejé de comprar en el chino.
Cada vez que iba, Karina me coqueteaba y yo a ella. Tomamos una cierta confianza y nos tirábamos indirectas, que no eran precisamente indirectas, sinó más bien, mensajes de lo que ya veníamos venir...
Un viernes, después de la Facu, me vine a "estudiar" a casa con Agustina. Ella se quedó adentro y yo salí a comprar.
- Hola, Karina.
- Hola nene. ¿cómo estás?
- Bien, bien. Me das unos preservativos y un par de cervezas, por favor?- Apresurado por volver a casa.
- ¿Cuáles? - dice, mirando la variedad de preservativos.
- Cualquiera.
- ¿Cómo, "cualquiera"?
- Qué se yo! Los negros.
- Ay! a los hombres les da todo lo mismo!
- Ah claro, a las mujeres no! - con ironía.
- Y no, nene! Por algo vienen diferentes...
- Y, ¿cuál es la diferencia? A ver...
- Los tamaños, las texturas... se sienten de otra manera.
- Mientras no se rompa me da igual! - Bromeo.
- Igual, si estás con una pendeja le va a dar lo mismo... - Dice, tratando de investigar.
Tanto énfasis me dio curiosidad.
- Bueno a ver, experta del latex. ¿cuál dice que le guste más?
Se ríe y contesta con lujo de detalles:
- El que elegiste es el mejor... tiene tachas.
- ¿y?
- Que cuando la metés...Ay dale, ya sabés!
- No sé, ahora dígame...
- Cuando la metés, las tachas que sobresalen rozan justo...
- Justo, dónde?
- Justo acá. - Presionando con un dedo sobre la calza.
- Ah, ¿si? Nunca es tarde para aprender...
- Otro día te sigo enseñando, nene. Pasala bien!- Me despide, señalando con el menton el vidrio, por el cual se ve a Horacio venir caminando para cerrar el local.
- Gracias, Karina.
Sonreímos cómplices. Yo salgo y Horacio entra. Lo saludo y sigo.
Llego a casa y Agustina estaba bailando con la música a todo volumen. En una mano tiene un porro y con la otra me invita a baillar. Guardo las birras en el frizzer y me acerco. Cuando llego, ella me da la espalda y la abrazo, besándole el cuello. Se mueve lento, muy sensual, y me resfriega la cola en la verga ya parada. La sigo besando mientras nos movemos en la misma sintonía. Me da de fumar y exhalo el humo en su nuca, lo que le provoca escalofríos. Siento como se eriza su piel y larga un pequeño "mmmm". Ya estaba entregadísima, y yo, supercaliente por la charla con Karina.
- Voy a buscar las birras. - le digo al oido.
- Mmm, no. Quedate así! - me abraza los brazos, (valga la redundancia) y se sigue moviendo muy sensual.
Eso terminó de erosionar mi calentura. La di vuelta y empecé a besarla. Ella me acarició la verga y pasó lo que ya se imaginan...
Cuando acabo, voy a sacar las birras del freezer para que no se congelen y ya estaban congeladas. Me doy cuenta que la persiana estaba abierta. Y, como era de noche, el contraste con la luz del living, dejaba ver desde afuera, todo lo que ocurría adentro. Mucho no me importó. Cuestión que, no tomamos las birras, no usamos los forros, ni estudiamos.
Al día siguiente voy a comprar de nuevo.
- Buen día, Karina. Me das un...
- Y, ¿cómo te fue? - le encantaba interrumpir a la gente.
Yo, sin poder ocultar mi sonrisa:
- Un caballero no tiene memoria.
- Aay!!! perdón por preguntar, "caballero".
- No pasa nada. Me das un...
- Y, dieron resutado las tachas?
- Peero, es curiosa usted eh!
- MUY! - dice, con cara de putita.
- La curiosidad mató al gato...
- Sólo quiero saber si doy buenos consejos.
- Sí, claro...no los usé. ¿contenta?
- Mmm... Y, ¿qué hiciste? Bailaste nomás?
Pienso: "¿Cómo sabe que estaba bailando?" Y me cae la ficha de la persiana abierta.
- Usted estuvo espiando por la ventana, Karina?
-¿Eh? No! Qé decís, nene? - se pone nerviosa.
- Karinaaa....
- Bueno, nene, sí. Es que justo estábamos yendo para casa con Horacio y se veía...
- Así que le gusta espiar a los vecinos, mire usted!
Avergonzada por la situación me miraba sin decir nada.
- Y, qué fue lo que vio? - La sigo instigando por chusma.
- Ya sabés lo que vi...
- Digame, quiero que lo diga.
- Te vi como la garchabas nene!
Con esas palabras se desató algo más que confianza entre nosotros.
- Y, ¿qué le pareció?
- Qué se yo, bien!
- Bien, ¿nada más?
- Disculpame que le diga así a tu novia pero, la verdad que media mosquita muerta parecía!
- No es mi novia. Para mí estuvo muy bien.
- Puff! Si eso para vos es estar bien...¡sabés qué!
- Qué?
- Te llega a agarrar una mujer de verdad y te volvés loco.
- Mmm no sé. ¿qué es una mujer "de verdad"?
- Una mujer con experiencia, nene, con ganas...
- ¿Como usted?
- No juegues con fuego, nene. - dice, acercándose y apoyando los brazos en el mostrador.
- Qué miedito me da!- Me río ironicamente.
Ella se muerde los labios, mira hacia mi verga y me dice:
- ¿Querés probar?
- Karina, basta por favor! Que tengo que irme caminando a casa y mire como estoy!
La verga se estaba despertando y con el shortcito de fútbol que tenía puesto, no iba a poderb discimularlo.
- Y jodete, vos me provocás!
- Deme una gaseosa por favor. - trato de cambiar de tema.
La muy turra se da vuelta y abre la heladera con la cola apuntando hacia mí. Tiene una calza negra en la que se le marca una terrible tanga metida entre las nalgas.
- ¿De qué gusto, nene?
- Y...¿de qué va a ser?- Hipnotizado con su cola.
- ¿Ves? Me seguís provocando.
- No se haga la canchera! Que va a venir Horacio y me echa, como anoche.
- Horacio se fue a pescar. Vos no te hagas el cancherito! Que tu novia te está esperando...
- No es mi novia le dije. Y ya se fue hoy temprano.
- Bueno, cambiemos de tema, que tengo que caminar una cuadra, y así no puedo ir. - le muestro las palmas, mirando hacia abajo.
- Eso es problema tuyo, nene!- me dice, rascándose la boca.
- Problema mío, pero culpa suya!
- ¿Te calenté?
- Y a usted qué le parece?
Me llama con la cabeza sin decir nada, para que vaya al costado del mostrador, donde, si alguien mirada desde la calle, sólo iba a ver de mi cintura para arriba. Voy, y ella me acompaña desde el otro lado.
- ¿qué pasa? - le digo ya muy cerca de ella.
- ¿No podés irte así?
- No, imposible. Voy a parecer un depravado en la calle así.
- Y no sos depravado?
- Depende el momento y con quién...
Mete la mano adentro de mi short y me aprieta la verga.
- Y ahora?
La amasa un poco y de enseguida empieza a pajearme rápido mientras pispea que no venga nadie a comprar.
- ¿Te gusta, nene?
La verga me dolía bastante. Ya le había hechado dos polvos a Agustina y ella me pajeaba en seco. Igualmente lo disfrutaba mucho .
- Mucho me gusta!
La gente pasaba caminando a unos metros y ella seguía más fuerte y rápido. Cuando el movimiento era para adelante mi cabeza chocaba contra el borde del mostrador. Yo empezaba a respirar fuerte y sentía como se asomaba el cosquilleo de la leche a punto de salir de mis huevos hacia el tronco.
En ese interín, una señora mayor, por no decir vieja inoportuna, dobla la esquina y golpea la puerta del negocio.
- Esto no va a quedar así. - le digo. Abro la puerta, dejando pasar a la señora y me voy.
Llego a casa, me cocino algo, almuerzo, y me quedo esperando hasta las dos de la tarde que ella cierre la despensa. La veo venir caminando y le hago señas por la ventana para que venga. Ella me mira, sigue caminando y se mete a la casa. A pesar de haber garchado esa noche, estaba re caliente por lo que había pasado y no iba a quedarme con las ganas....
A la tarde fui de nuevo al local, charlamos y arreglamos para que, a la madrugada, me cruze para su casa.
Aproximadamente a las 02:00 am, salgo de casa, miro para todos lados que no haya nadie y cuando voy cruzando escucho la cerradura de su casa. No me dejó golpear, me estaba esperando.
Entro y ella me recibe con un vestidito rojo, que apenas le tapa la cola. Las ganas de garcharla me comen el cerebro, pero estoy en su casa y me cohibo un poco.
- ¿Qué pasa, nene? Tranqui...
Me agarra la mano y me lleva directo a la habitación. Nos recostamos en la cama, se levanta y me alcanza una copa de vino que tenía preparada con anticipación.
Cuando se levanta me muestra la cola y yo muero de ganas de abalanzarme sobre ella. Pero me quedo. Me da la copa y pasa por encima mío, para el otro lado de la cama.
- Así que coje bien la pendejita esa?
- Según yo, sí. Según la chusma, no.
- "La chusma" te va a dejar en coma.
- Ja ja ja, lo dudo...
Se acerca, me da un beso y me agarra la pija.
- No me provoques porque te voy a dejar como hoy!
- No, por favor! No me hagas acordar!
Reímos y nos acordamos de la señora mayor tan oportuna.
Seguimos charlando un rato de cosas insignificantes, entretanto 3 o 4 copas de vino iban erotizando el ambiente.
- ¿Querés ver una peli?- me dice.
Yo quería cogerla nada más, igual le dije "dale".
Prende la tele, busca canales y pone una película porno; un negro con una verga gigante castigaba por la cola a una coloradita flaquita y petisa.
Ya no hablamos, el silencio se apodera de la situación y el aire se pone espeso. Ella, de costado empieza a tocarse y a mover lentamente su cuerpo. Al verla, yo también me toco por arriba del pantalón.
Así unos momentos hasta que dejamos la película de lado. Ahora, yo miro como ella acaricia su clítoris y las caras de placer que pone. Y ella mira mi mano apretando la pija durísima. Me desabrocho el pantalón y dejo la verga serpenteando en el aire, ella la agarra y me pajea y yo también llevo mis dedos a su concha. Ahora nos masturbamos el uno al otro.
- ¿Puedo?- me dice, señalándome la verga.
- Podés, ¿qué?
- Chupártela.
- La pendeja no pide permiso. - la provoco.
Ella se levanta de un salto y va directo con la boca a mi verga. En el mismo acto, me saca el jean y el boxer y la chupa con todas sus fuerzas.
La escupe. Pasa la lengua por el glande, la rodea, la recorre toda. Me mira y me muestra como la cabeza sobresale dentro de una de sus mejillas.
- Y ¿ la pendeja te la chupa así?
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Relato
Posted:Nov 8, 2019 11:54 am
Last Updated:Nov 11, 2019 8:18 pm
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La inestabilidad del tiempo; Las lloviznas, que de un momento para otro se hacen tormenta, y el viento frío del invierno, hacen que la gente del barrio no salga mucho de sus casas. Las calles y los negocios (sobretodo de noche) están vacías/os.
Un domingo a la tarde, resacoso y recién levantado, veo que en la esquina de casa habían abierto una despensa nueva que, por vivir siempre con un reloj en el cuore, no me había percatado que existía. (Generalmente, llegaba de trabajar entre las 17:30 y 18:00hs, iba al chino a comprar para cenar, con alguna que otra cosa que necesitaba y me iba a la facu. Cuando volvía, ya estaba todo cerrado).
Me lavé la cara y fui a conocer.
- ¿Me das un Alikal y un agua por favor?
- "Hola" primero, no? Qué cara nene!
Levanto la vista y la que atiende el negocio es Karina, mi vecina de en frente.
- Hola, Karina. ¿cómo le va? Disculpe que...
- No pasa nada, te estoy cargando. - me interrumpe y sigue. - Hace mucho no se te ve, ¿en qué andás?
Lo que menos quería era tener una conversación con el dolor de cabeza que tenía pero, condicionado ante la primer desatención, tuve que seguir con la charla.
- De todo un poco. Trabajo, estudio...
- Joda! mujeres... - me interrumpe otra vez y se ríe.
- Noo, ojalá! Qué bueno que abrió el almacén, ya no voy a tener que caminar hasta el chino!
- Si, hace casi un mes que abrimos. Horacio atiende a la mañana y cuando se va a trabajar vengo yo.
- Qué bien Karina, me alegro. Está muy lindo todo.
Seguimos la charla de relleno, me vende lo que le pedí y me voy.
A partir de ese día, por comodidad y calentura dejé de comprar en el chino.
Cada vez que iba, Karina me coqueteaba y yo a ella. Tomamos una cierta confianza y nos tirábamos indirectas, que no eran precisamente indirectas, sinó más bien, mensajes de lo que ya veníamos venir...
Un viernes, después de la Facu, me vine a "estudiar" a casa con Agustina. Ella se quedó adentro y yo salí a comprar.
- Hola, Karina.
- Hola nene. ¿cómo estás?
- Bien, bien. Me das unos preservativos y un par de cervezas, por favor?- Apresurado por volver a casa.
- ¿Cuáles? - dice, mirando la variedad de preservativos.
- Cualquiera.
- ¿Cómo, "cualquiera"?
- Qué se yo! Los negros.
- Ay! a los hombres les da todo lo mismo!
- Ah claro, a las mujeres no! - con ironía.
- Y no, nene! Por algo vienen diferentes...
- Y, ¿cuál es la diferencia? A ver...
- Los tamaños, las texturas... se sienten de otra manera.
- Mientras no se rompa me da igual! - Bromeo.
- Igual, si estás con una pendeja le va a dar lo mismo... - Dice, tratando de investigar.
Tanto énfasis me dio curiosidad.
- Bueno a ver, experta del latex. ¿cuál dice que le guste más?
Se ríe y contesta con lujo de detalles:
- El que elegiste es el mejor... tiene tachas.
- ¿y?
- Que cuando la metés...Ay dale, ya sabés!
- No sé, ahora dígame...
- Cuando la metés, las tachas que sobresalen rozan justo...
- Justo, dónde?
- Justo acá. - Presionando con un dedo sobre la calza.
- Ah, ¿si? Nunca es tarde para aprender...
- Otro día te sigo enseñando, nene. Pasala bien!- Me despide, señalando con el menton el vidrio, por el cual se ve a Horacio venir caminando para cerrar el local.
- Gracias, Karina.
Sonreímos cómplices. Yo salgo y Horacio entra. Lo saludo y sigo.
Llego a casa y Agustina estaba bailando con la música a todo volumen. En una mano tiene un porro y con la otra me invita a baillar. Guardo las birras en el frizzer y me acerco. Cuando llego, ella me da la espalda y la abrazo, besándole el cuello. Se mueve lento, muy sensual, y me resfriega la cola en la verga ya parada. La sigo besando mientras nos movemos en la misma sintonía. Me da de fumar y exhalo el humo en su nuca, lo que le provoca escalofríos. Siento como se eriza su piel y larga un pequeño "mmmm". Ya estaba entregadísima, y yo, supercaliente por la charla con Karina.
- Voy a buscar las birras. - le digo al oido.
- Mmm, no. Quedate así! - me abraza los brazos, (valga la redundancia) y se sigue moviendo muy sensual.
Eso terminó de erosionar mi calentura. La di vuelta y empecé a besarla. Ella me acarició la verga y pasó lo que ya se imaginan...
Cuando acabo, voy a sacar las birras del freezer para que no se congelen y ya estaban congeladas. Me doy cuenta que la persiana estaba abierta. Y, como era de noche, el contraste con la luz del living, dejaba ver desde afuera, todo lo que ocurría adentro. Mucho no me importó. Cuestión que, no tomamos las birras, no usamos los forros, ni estudiamos.
Al día siguiente voy a comprar de nuevo.
- Buen día, Karina. Me das un...
- Y, ¿cómo te fue? - le encantaba interrumpir a la gente.
Yo, sin poder ocultar mi sonrisa:
- Un caballero no tiene memoria.
- Aay!!! perdón por preguntar, "caballero".
- No pasa nada. Me das un...
- Y, dieron resutado las tachas?
- Peero, es curiosa usted eh!
- MUY! - dice, con cara de putita.
- La curiosidad mató al gato...
- Sólo quiero saber si doy buenos consejos.
- Sí, claro...no los usé. ¿contenta?
- Mmm... Y, ¿qué hiciste? Bailaste nomás?
Pienso: "¿Cómo sabe que estaba bailando?" Y me cae la ficha de la persiana abierta.
- Usted estuvo espiando por la ventana, Karina?
-¿Eh? No! Qé decís, nene? - se pone nerviosa.
- Karinaaa....
- Bueno, nene, sí. Es que justo estábamos yendo para casa con Horacio y se veía...
- Así que le gusta espiar a los vecinos, mire usted!
Avergonzada por la situación me miraba sin decir nada.
- Y, qué fue lo que vio? - La sigo instigando por chusma.
- Ya sabés lo que vi...
- Digame, quiero que lo diga.
- Te vi como la garchabas nene!
Con esas palabras se desató algo más que confianza entre nosotros.
- Y, ¿qué le pareció?
- Qué se yo, bien!
- Bien, ¿nada más?
- Disculpame que le diga así a tu novia pero, la verdad que media mosquita muerta parecía!
- No es mi novia. Para mí estuvo muy bien.
- Puff! Si eso para vos es estar bien...¡sabés qué!
- Qué?
- Te llega a agarrar una mujer de verdad y te volvés loco.
- Mmm no sé. ¿qué es una mujer "de verdad"?
- Una mujer con experiencia, nene, con ganas...
- ¿Como usted?
- No juegues con fuego, nene. - dice, acercándose y apoyando los brazos en el mostrador.
- Qué miedito me da!- Me río ironicamente.
Ella se muerde los labios, mira hacia mi verga y me dice:
- ¿Querés probar?
- Karina, basta por favor! Que tengo que irme caminando a casa y mire como estoy!
La verga se estaba despertando y con el shortcito de fútbol que tenía puesto, no iba a poderb discimularlo.
- Y jodete, vos me provocás!
- Deme una gaseosa por favor. - trato de cambiar de tema.
La muy turra se da vuelta y abre la heladera con la cola apuntando hacia mí. Tiene una calza negra en la que se le marca una terrible tanga metida entre las nalgas.
- ¿De qué gusto, nene?
- Y...¿de qué va a ser?- Hipnotizado con su cola.
- ¿Ves? Me seguís provocando.
- No se haga la canchera! Que va a venir Horacio y me echa, como anoche.
- Horacio se fue a pescar. Vos no te hagas el cancherito! Que tu novia te está esperando...
- No es mi novia le dije. Y ya se fue hoy temprano.
- Bueno, cambiemos de tema, que tengo que caminar una cuadra, y así no puedo ir. - le muestro las palmas, mirando hacia abajo.
- Eso es problema tuyo, nene!- me dice, rascándose la boca.
- Problema mío, pero culpa suya!
- ¿Te calenté?
- Y a usted qué le parece?
Me llama con la cabeza sin decir nada, para que vaya al costado del mostrador, donde, si alguien mirada desde la calle, sólo iba a ver de mi cintura para arriba. Voy, y ella me acompaña desde el otro lado.
- ¿qué pasa? - le digo ya muy cerca de ella.
- ¿No podés irte así?
- No, imposible. Voy a parecer un depravado en la calle así.
- Y no sos depravado?
- Depende el momento y con quién...
Mete la mano adentro de mi short y me aprieta la verga.
- Y ahora?
La amasa un poco y de enseguida empieza a pajearme rápido mientras pispea que no venga nadie a comprar.
- ¿Te gusta, nene?
La verga me dolía bastante. Ya le había hechado dos polvos a Agustina y ella me pajeaba en seco. Igualmente lo disfrutaba mucho .
- Mucho me gusta!
La gente pasaba caminando a unos metros y ella seguía más fuerte y rápido. Cuando el movimiento era para adelante mi cabeza chocaba contra el borde del mostrador. Yo empezaba a respirar fuerte y sentía como se asomaba el cosquilleo de la leche a punto de salir de mis huevos hacia el tronco.
En ese interín, una señora mayor, por no decir vieja inoportuna, dobla la esquina y golpea la puerta del negocio.
- Esto no va a quedar así. - le digo. Abro la puerta, dejando pasar a la señora y me voy.
Llego a casa, me cocino algo, almuerzo, y me quedo esperando hasta las dos de la tarde que ella cierre la despensa. La veo venir caminando y le hago señas por la ventana para que venga. Ella me mira, sigue caminando y se mete a la casa. A pesar de haber garchado esa noche, estaba re caliente por lo que había pasado y no iba a quedarme con las ganas....
A la tarde fui de nuevo al local, charlamos y arreglamos para que, a la madrugada, me cruze para su casa.
Aproximadamente a las 02:00 am, salgo de casa, miro para todos lados que no haya nadie y cuando voy cruzando escucho la cerradura de su casa. No me dejó golpear, me estaba esperando.
Entro y ella me recibe con un vestidito rojo, que apenas le tapa la cola. Las ganas de garcharla me comen el cerebro, pero estoy en su casa y me cohibo un poco.
- ¿Qué pasa, nene? Tranqui...
Me agarra la mano y me lleva directo a la habitación. Nos recostamos en la cama, se levanta y me alcanza una copa de vino que tenía preparada con anticipación.
Cuando se levanta me muestra la cola y yo muero de ganas de abalanzarme sobre ella. Pero me quedo. Me da la copa y pasa por encima mío, para el otro lado de la cama.
- Así que coje bien la pendejita esa?
- Según yo, sí. Según la chusma, no.
- "La chusma" te va a dejar en coma.
- Ja ja ja, lo dudo...
Se acerca, me da un beso y me agarra la pija.
- No me provoques porque te voy a dejar como hoy!
- No, por favor! No me hagas acordar!
Reímos y nos acordamos de la señora mayor tan oportuna.
Seguimos charlando un rato de cosas insignificantes, entretanto 3 o 4 copas de vino iban erotizando el ambiente.
- ¿Querés ver una peli?- me dice.
Yo quería cogerla nada más, igual le dije "dale".
Prende la tele, busca canales y pone una película porno; un negro con una verga gigante castigaba por la cola a una coloradita flaquita y petisa.
Ya no hablamos, el silencio se apodera de la situación y el aire se pone espeso. Ella, de costado empieza a tocarse y a mover lentamente su cuerpo. Al verla, yo también me toco por arriba del pantalón.
Así unos momentos hasta que dejamos la película de lado. Ahora, yo miro como ella acaricia su clítoris y las caras de placer que pone. Y ella mira mi mano apretando la pija durísima. Me desabrocho el pantalón y dejo la verga serpenteando en el aire, ella la agarra y me pajea y yo también llevo mis dedos a su concha. Ahora nos masturbamos el uno al otro.
- ¿Puedo?- me dice, señalándome la verga.
- Podés, ¿qué?
- Chupártela.
- La pendeja no pide permiso. - la provoco.
Ella se levanta de un salto y va directo con la boca a mi verga. En el mismo acto, me saca el jean y el boxer y la chupa con todas sus fuerzas.
La escupe. Pasa la lengua por el glande, la rodea, la recorre toda. Me mira y me muestra como la cabeza sobresale dentro de una de sus mejillas.
- Y ¿ la pendeja te la chupa así?
- Mmm hija de puta!
Abre la boca grande y la mete una y otra vez hasta la garganta, la deja repleta de baba.
Se saca el vestido y lo revolea al suelo. Quedó con una bombachita roja de encaje divina. Sin corpiño. Saca de la mesa de luz unos preservativos con tachas, como los que me había aconsejado y se sube arriba mío, poniendo una pierna a cada lado de mi cuerpo, corre la tanga de costado, se acomoda mi verga entre los labios y se sienta. Se viene hacia adelante rápido y vuelve lento, ensartándose sola hacia atras, casi que en cámara lenta. Una, dos, tres, cuatro veces y va aumentando el ritmo. Yo la abrazo apretándola contra mi pecho y susurrando en su oreja:
- Dale, putita! Qué bien te moves! Más rápido, dale! Cogé! Cogé!
Ella gime en mi oreja y sigue cabalgando, manteniendo el ritmo.
Se levanta y queda erguida, con las manos apoyadas en mis rodillas, sigue montando, desesperada, con la verga completa adentro, sin despegarse de mi pelvis. Sus gemidos se intercalan con los de la película. Siento venir su placer, "falta poco" me avisa casi sin poder pronunciarlo. Aprieto con una de mis manos su pecho y con la otra la agarro desde atrás de la cintura, como tratando de doblarla. Sigue, sigue, sigue... y larga todos sus jugos que terminan en un solo grito.
Agotada, apoya la cabeza en mi pecho y se sigue moviendo, cada vez más lento, hasta detenerse por completo.
- Aaah! Aaay, nene! Aah. - sigue. - ¿Cómo coge la chusma?
- Como una puta, muy putita!
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